domingo, 18 de octubre de 2009

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS

Esta novela del escritor colombiano Fernando Vallejo trata el tema de los jóvenes sicarios de Medellín, muchas veces niños sicarios.
Fernando, un hombre de edad avanzada, regresa a su ciudad natal después de muchos años de ausencia para encontrarse con un panorama de violencia urbana desmedida. Él inicia una relación sentimental con un joven sicario llamado Alexis y juntos recorren las calles y visitan las iglesias de la ciudad en una peregrinación de la muerte. Fallecido Alexis, producto de esta misma violencia, Fernando tiene otra relación con otro sicario, quien resulta ser el asesino de Alexis, su nombre es Wílmar y él también termina siendo asesinado por las balas que recorren sin control la ciudad, poco después de haber tomado la decisión de partir con Fernando lejos de Medellín para escapar de toda esa desdicha de la muerte y del dolor.

Se dio el caso que leí esta novela sin haber visto la película. Cuando preguntaba por la obra en las calles de Caracas, principalmente debajo del Puente de las Fuerzas Armadas, los vendedores respondían: No tengo el libro, pero tengo la película. Algunos decían: No conozco la novela, sólo sé que es una película. He escuchado que lo más apropiado en estos casos es leerse primero el libro, creo que es porque eso nos entrega nuestras propias imágenes mentales, las cuales más tarde podremos comparar con las escenas de una filmación.

Esta novela es una trama trágica, el lenguaje es directo, crudo, como la misma realidad que nos presenta la historia. Medellín, la bellísima ciudad de la Eterna Primavera, vivió como bien lo sabemos, aquella oscura época infame del narcotráfico y del sicariato. Los jóvenes sicarios se conviertieron en un símbolo macabro de la violencia desbordada. La novela presenta un panorama dantesco, a tal punto que incluso podría catalogarse de exagerado porque no todo puede ser tan pesimista y negativo en un mismo lugar. La Virgen de los Sicarios puede chocar a algunos con su tono arrogante y frío de primera persona que la narra. El personaje de Fernando no se cansa de despotricar contra los habitantes de la ciudad a los cuales califica de mezquinos. En un momento dado él propone el uso de una bomba para acabar con la ciudad, sus moradores y todos sus problemas como la única solución posible. También impresiona la constante crítica contra los pobres y los marginados a los cuales el personaje cataloga de perezosos y responsables de su propia suerte. Lo que en realidad pretende  hacer el autor, analizándolo con cierto detenimiento, es precisamente causar revuelo con toda su explosiva irreverencia.
Afortunadamente, los tiempos de la Medellín de los sicarios ya terminaron y esta novela puede ser apreciada más bien como un referente histórico, sin que ello quiera decir que no exista aún la violencia urbana, sólo que ya no es igual que antes.
La descripción de la ciudad como tal es uno de los aspectos que más me llama la atención. Se habla en la novela de unas comunas encaramadas sobre las montañas en donde habitan más de un millón y medio de personas. La comparación es constante entre la ciudad de arriba y la ciudad de abajo, o sea la que está en las montañas y la que está sobre el valle. Según Fernando, -el personaje- muchos de los de arriba bajan al valle para atracar y matar, pero los de abajo nunca suben y ni siquiera conocen los barrios de la montaña. No deja de ser dolorosa esta visión de Colombia que durante años ha caído en olas inmisericordes de violencia y de guerra absolutamente terribles. Esta es una novela que nos muestra que la ficción está estrechamente ligada a lo que sucede en la realidad, una realidad cruda y asesina en este caso. Fernando, -el escritor- no pretende sin duda ser una voz de la conciencia moral de nadie. La mayoría de estos escritores del nuevo realismo parecen mostrarse escépticos, indiferentes y desencantados ante los hechos que narran. Ellos sólo tienen la intención de contar, de describir sin comprometerse demasiado con los hechos. Sin embargo, -y  aún no sé si me equivoque- en algunos momentos percibí una cierta crítica acerba de parte del personaje y por lo tanto del autor- frente a las causas que dieron lugar a esta situación del sicariato entre la juventud sin esperanzas de las comunas.

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