miércoles, 18 de noviembre de 2009

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Animal Tropical es una novela publicada en el 2000 por la editorial Anagrama de España y escrita por el cubano Pedro Juán Gutiérrez. El mismo año de su publicación recibió el Premio Alfonso García Ramos en España. Ésta es una historia suis generis por su lenguaje crudo de erotismo sórdido. Es un lenguaje porno. La novela tiene un argumento que puede atrapar a cualquier lector si bien éste debe primero acostumbrarse a las descripciones minuciosas de los encuentros sexuales entre Pedro Juán y sus dos amantes, notoriamente violentos cuando se trata de Gloria, su vecina. Es curioso que el protagonista de estas aventuras tenga el mismo nombre del autor de la obra, aunque no podríamos asegurar que sea una novela autobiográfica. A medida que leemos el libro nos va quedando claro el por qué del título y en un momento dado el personaje de Pedro Juán se autodenomina como "un animal tropical".
La violencia en esta historia está presente de varias maneras en una realidad irascible que se desarrolla principalmente en el centro de una ciudad latinoamericana. Los habitantes de los centros de estas ciudades tienen unas características especiales porque ellos son actores o testigos de un mundo y de un submundo donde casi todo puede suceder. Para aquellos que piensan que todo lo que se muestra en esta historia como las jineteras, los edificios deteriorados, la escacez y la desventura de la vida, son producto de la Revolución, les digo que son muchos los que creen que ésa ha sido la intención del autor, pero que también muchos lectores podemos acercarnos a esta novela con la convicción de que las causas de la degradación allí presentes son otras. No olvidemos el cruel embargo económico impuesto por el Norte agresivo ni la época en la cual se redactó la novela en lo más grave de la crisis del llamado período especial. La realidad de las letras es la realidad de los hombres y en cualquier parte puede llegar a ser descarnada. Esta historia tiene un "algo" distinto frente a la desilusión de la mayoría de las demás historias de esta saga de autores contemporáneos y es que tiene un final felíz y una cierta sensación de optimismo y de alegría que compite con la desesperanza que parecen vivir sus personajes principales.
La oralidad de la novela es sumamente vivaz en las discusiones entre Gloria y Pedro Juán. La narración es hecha todo el tiempo en una primera persona que nos ofrece un matiz más bien periodístico, incluso histórico. La obra es lineal. El amor está siempre presente y triunfa, también el ritual santero en el cual Pedro Juán cree. Changó, Ochún, Orula, Elegguá y Yemayá, antiguos dioses africanos, se confunden con las descripciones de sueños en la noche, de visiones y de augurios.
Se da en esta obra una contraposición cultural entre las dos amantes de Pedro Juán, Gloria y Agneta. La primera es Cuba, extrovertida, caótica en su latinoamericanidad profundamente picaresca y tropical; la segunda es Suecia y ese mundo nórdico tan ordenado, tal pulcro y parco, pero donde la muerte ronda en la forma del suicidio del esposo de una de las amigas de Agneta, al igual que en otras alusiones más.
Las descripciones de la ciudad de la Habana y de otros paisajes son detalladas. Finalmente, digamos que algunas frases expresadas como unas sentencias a lo largo de la novela nos hacen reflexionar, tales como: "Cuando uno no sabe qué decir, es mejor callar" o " La realidad no está obligada a ser convincente".

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