sábado, 14 de noviembre de 2009

FRAGMENTO DE LA OBRA

Me quedé en su casa durante los días siguientes para cuidarla y acompañarla en su estado. Fueron días muy difíciles. Rosario se hundía vertiginosamente en su depresión y de paso me arrastraba. Trataba de dejar infructruosamente la droga, en las noches me tocaba salir, presionado por su desesperación, a buscarle algo en las "ollas" más tenebrosas. Pero a la mañana siguiente volvía a llorar la culpa de su recaída, maldecía la vida que vivía y nuevamente juraba sus buenos propósitos.
-No sé qué será mejor, si morirme o quedarme así.
-No hables bobadas, Rosario.
-Es en serio, parcero, es una decisión muy difícil.
-Entonces quédate así.
Estaba seguro de que su angustia no se debía exclusivamente a la droga. Fueron las circunstancias que la llevaron a ella, las que precisamente sumergieron a Rosario en el fondo de lo que ya se había llenado. La droga fue el último recurso para paliar el daño que la vida le había hecho, la cerca falsa que uno construye al borde del abismo.
-Tiene que haber una salida -de decía yo-. La famosa luz al final del túnel.
-Es lo mismo.
-No te entiendo, Rosario.
-Que la famosa luz no alumbra nada nuevo, nada distinto a lo que había al entrar al túnel.
Va uno a ver y es cierto. No hay gran diferencia entre los paisajes de entrada y de salida. Entonces sólo queda la mentira como única motivación para vivir.
-Si el túnel es largo como el tuyo, podés entrar con lluvia y salir con sol, eso sí se puede.
-¿Y a mí quién me garantiza, parcero, que no vuelve a llover ?.

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